Cuando éramos más jóvenes, mi amigo y yo abrimos una página que literalmente tomó el control de nuestra escuela tras cuatro horas de estar en línea. Tenía un mapa con las mejores locaciones para fumar dentro de las premisas de la escuela, parodias de todos los maestros, un foro de mensajes anónimos donde la gente empezaba rumores sobre otros y que se inauguró con algo que nosotros llamamos “El forraje”. La gente armaba equipos de cuatro o cinco, pagaba diez dólares para entrar, y recibían una lista con cien cosas que debían hacer (como tirar su charola en el comedor y fingir que lloraban, por diez puntos; nalguearse al maestro de física. por 15 puntos; tener una crisis psicótica a media clase y terminar en la enfermería, por 25 puntos, etcétera).

"El forraje" hizo de la escuela un completo cagadero durante todo el día, y los maestros no tenían idea de lo que sucedía. Nos sentíamos como Commodus en Gladiador, sólo que teníamos 15 años y no estábamos matando a nadie. La tarea número cien era una sección abierta, y por lo cerrado de la competencia (la gran mayoría de los equipos ya había completado 75 de éstas) la gente estaba con todo. Era el final del día, todos estaba sentados en clase y quedaban 25 minutos para el fin de la competencia. Una serie de gritos entraron por la ventana e interrumpieron la monótona voz de mi maestra de matemáticas.


Toda la clase corrió a la ventana para ver a un equipo completo, cuatro chicos y una chica, corriendo desnudos por el estacionamiento, perseguidos por el cuidador y su perro. Ganaron, de eso no hubo duda. 

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