En un supermercado estaba una madre con su niño pequeño y un señor se acercó sonriente y le dijo: la felicito, tiene un niño muy hermoso; se aparece a uno de los míos.
  
¿Cuántos tiene?, Preguntó la joven madre.


Cuatro, respondió satisfecho el caballero.


¿Cuatro? ¡Uy, Yo no sabría como dividir el amor que le tengo a mi hijo con otros tres!.


Tranquila, señora; la vida le enseñará que el amor nunca se divide y que el amor se multiplica.


Sí, esa es la riqueza del amor, que suma y multiplica, en lugar de restar y dividir como el odio.


En el amor no hay límites, ni en dar, ni en recibir. Podemos cosechar los mejores frutos cuando somos solidarios y compartimos con generosidad.


La solidaridad es el amor con un compromiso social. La solidaridad nos aleja de la violencia y nos acerca a la paz.



Seamos solidarios para multiplicar la amistad y la unidad. L solidaridad no necesita salario; se paga por sí misma.

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