A principios de los noventa, los fuegos pirotécnicos y las armas antipersonas tenían muy intrigados a los jóvenes, como Ivory Wave y Benzo Fury. Esta tendencia llegó a su dramática conclusión en mi escuela cuando un chavo decidió recrear la versión no letal de Columbine y soltó una lata de gas lacrimógeno (y no estoy hablando de las bombas de humo que compras en cualquier tiendita, estoy hablando de esas madres que usan en Franja de Gaza). Esto fue poco después de Columbine, así que la gente se cagó de miedo.

Los niños rudos y los maestros balbuceaban y tosían mientras corrían, llegaron las ambulancias, después un helicóptero de la policía, la BBC de Londres. Vi a decenas de niños vomitando y niñas llorando. Sin saber muy bien lo que había ocurrido, corrí hasta una de las ambulancias donde me encontré con un tal Perry, la mente maestra detrás de esta broma, con una máscara de oxígeno. Me pregunté si el karma por todas sus payasadas finalmente lo había alcanzado; si había finalmente resultado víctima de sus malas jugadas.

Pero todo esto pronto fue desmentido: en cuanto el paramédico salió a recoger algo, Perry se levantó de la camilla, con los dedos pulgares de la victoria en alto, cual vampiro despreocupado. Fingió estar seriamente enfermo, con un posible envenenamiento por gas, para poder escapar de su clase de ciencias. Nunca supe qué fue de él. Supongo que es productor de brostep o un marine

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