Me llamo Jose, tengo 28 años y trabajo como vigilante
nocturno en un aparcamiento de camiones que hay a las afueras de mi pueblo.
Bien, voy a contar lo que me pasó hace dos semanas, mientras cumplía mi turno.
LLegué al aparcamiento a las doce como siempre, cerré la
cancela con candado y me entré en la caseta donde me quedo. Allí, encendí la
estufa, me senté y empecé a leer. Al principio, la noche estaba tranquila, pero
al cabo de una hora o así, escuché el motor de un camión y al mirar por la
ventana, vi, que efectivamente había un camión, esperando para entrar. Me puse
la cazadora, salí y abrí la cancela para que el camión entrara. Después de
aparcar, la puerta del camión se abrió y bajó un hombre al que yo no conocía:
Buenas noches saludé.
Buenas noches respondió el.
Luego guardó sus cosas en un coche y antes de montarse, me
dió una botella de vino y me encargó que se la diese a Juan, el jefe del
aparcamiento. Luego se despidió, se montó en el coche y se fué. Bueno, pues la
noche, siguió normal, pero lo que da miedo viene ahora. A la mañana siguiente
fui al aparcamiento a buscar a Juan para darle la botella. Lo encontré en la
caseta, me acerqué a él y le dije:
Juan, esta botella la han traido para usted.
¿Quién la ha traido? preguntó él.
Yo le expliqué lo de la noche anterior y al acabar, Juan, me
dijo:
Jose, eso no puede ser.
Que si, Juan, que un hombre estuvo aqui con un gran camión
azul, y lo aparcó justo allí.
Entonces al darme la vuelta vi que el camión no estaba. Me
quedé helado y aún me quedé más cuando Juan me explicó:
Jose, el camionero que dices, se llamaba Damián y hace dos
meses, salió para Alemania. Yo le pedí que me trajera una botella de vino de
allí que dicen que es muy bueno, pero cuando Damián volvía de su viaje, tuvo un
accidente y murió.
Yo me quedé de piedra y me fui a casa. Todavía sigo
trabajando como vigilante, pero sigo sin entender lo que pasó, aunque creo que
aquella noche, el espíritu de Damián, vino para traer la botella a su amigo y
así descansar en paz.
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